Con El último cirio, un cuento de Victor Olivencia Castro comenzamos a despedir la última LIBREA y hoy, entendemos que no hay mejor nombre para este mágico espacio donde con un cuento dormimos la espera de una nueva LIBREA. Decíamos entonces, hace un año, que empezaba a “ayudarnos a despedirla desde la nostalgia de un instante, con la voz de los verdaderos protagonistas”. Y uno de esos verdaderos protagonistas es Simón, el de la locura del cuento de hoy.
Decía Oscar Wilde que su verdadera tragedia era haber puesto “mi genio en la vida y sólo el talento en mis obras”. Consagrado al arte efímero de la conversación, Wilde se convirtió en su mejor personaje, y la vida en sociedad, en su más deslumbrante y despiadada creación. No hay obra wildeana que supere frases como “Discúlpeme, no le había reconocido, ¡he cambiado tanto!”; “¿Cómo tener confianza en una mujer que le dice a uno su verdadera edad? Una mujer capaz de decir esto es capaz de decirlo todo”, o “Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones”. Además, cuenta la leyenda que el escritor jamás desaprovechaba una ocasión de seducir a sus oyentes con un buen cuento improvisado. Algunos acabó publicándolos, pero la mayoría se hubiera perdido sin sus amigos, que los fueron trascribiendo. Inéditos en España, la perversa ingenuidad, el ingenio al rojo vivo de los mejores relatos orales de Oscar Wilde han visto la luz gracias a El arte de conversar, que la editorial Atalanta acaba de publicar en edición de Roberto Frías y que amablemente nos han permitido publicar…
Si ayer decíamos que "desde hoy LIBREA se inventa otro futuro, dibuja otro presente y nos recuerda nuestro pasado con un cuento", hoy lo hacemos más cierto que nunca.
Decía Oscar Wilde que su verdadera tragedia era haber puesto “mi genio en la vida y sólo el talento en mis obras”. Consagrado al arte efímero de la conversación, Wilde se convirtió en su mejor personaje, y la vida en sociedad, en su más deslumbrante y despiadada creación. No hay obra wildeana que supere frases como “Discúlpeme, no le había reconocido, ¡he cambiado tanto!”; “¿Cómo tener confianza en una mujer que le dice a uno su verdadera edad? Una mujer capaz de decir esto es capaz de decirlo todo”, o “Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones”. Además, cuenta la leyenda que el escritor jamás desaprovechaba una ocasión de seducir a sus oyentes con un buen cuento improvisado. Algunos acabó publicándolos, pero la mayoría se hubiera perdido sin sus amigos, que los fueron trascribiendo. Inéditos en España, la perversa ingenuidad, el ingenio al rojo vivo de los mejores relatos orales de Oscar Wilde han visto la luz gracias a El arte de conversar, que la editorial Atalanta acaba de publicar en edición de Roberto Frías y que amablemente nos han permitido publicar…
Si ayer decíamos que "desde hoy LIBREA se inventa otro futuro, dibuja otro presente y nos recuerda nuestro pasado con un cuento", hoy lo hacemos más cierto que nunca.
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